LA POBREZA EXTREMA, EN VENEZUELA


Durante los debates en la Asamblea Nacional se habló, entre muchas cosas, de la disminución o el aumento de la pobreza., en Venezuela.

El señor Julio Borges, diputado de la oposición, recurrió al reemplazo de documentos por bolsas de hostalizas y sardinas (que él creía era atún) para burlarse de los ministros. La diputada María Corina Machado se comportó en la ultima sesión como una de aquellas profesoras autoritarias de antaño y le llamó la atención al ministro Giordani, para que éste estuviera muy atento a sus palabras. Jamás he visto en mi vida una prepotencia tan grande de una diputada, al interpelar a un ministro.

No voy a analizar los temas de los debates en este artículo, pero todas las personas con las que he hablado han reconocido que antes había mayor pobreza en Venezuela. Además, si pensamos en todas las obras sociales que ha llevado a cabo el gobierno del presidente Chávez, mal se puede afirmar que antes había menos pobres. Habría que pensar dónde eran atendidos los millones de personas que reciben atención médica gratuita en los módulos de Barrio Adentro, que siempre están abarrotados de gente. Y cómo comían los milones de personas que actualmente son atendidas en las casas de alimentación o las miles de personas que han sido acogidas en la Misión Negra Hipólita o la Misión Gregorio Hernández, etc. Hay muchas cosas más que se podrían mencionar, pero creo que con esto es suficiente, por ahora. Nota del 8 de marzo, 2011: recomiendo leer el siguiente artículo “Más sobre la pobreza extrema, en Venezuela

Si usted recorre las calles de las grandes ciudades, como Caracas,  Valencia o Maracaibo, podrá ver a niños, ancianos y mujeres que pinden limosna. A los buses suben todo tipo de personas pidendo ayuda económica o vendiendo casi a la fuerza chocolatinas, chicles y otras golosinas. En Maracaibo hay unos jóvenes que portan lentes oscuros, repartiendo estampas religiosas  a cambio de una ayuda “voluntaria”, porque “los pasajeros son personas que entienden que se les debe ayudar”. Su larga arenga parsimoniosa es, más o menos, la siguiente: “Yo sé que a algunos los estoy molestando, pero yo no estoy robando. Sólo les estoy pidiendo que me ayuden para poder dejar el mundo de las drogas. Yo antes asaltaba y robaba pero he decidido cambiar y por eso les pido su colaboración.  Si usted no me puede ayudar, quédese con la estampita, no importa, pero piense en que si me ayuda está contribuyendo a que me rehabilite y no siga asaltando ni haciendo daño a nadie”

Algunos hombres piden ayuda para “sepultar a un pariente que se les murió hace sólo un par de días y no somos de aquí”. Otros “tienen una hija o hijo que se debe operar y la operación vale varios millones de bolívares” (mencionan siempre los bolivares viejos). Son muchas historias distintas, pero se repiten de cuando en cuando. Son las tretas para sensibilizar a los pasajeros, nuchos de los cuales son más pobres y tienen mayores problemas que los prdioseros.

Hoy se están graduando unos educadores en la Misón Cultura. En el acto de graduación actuaron unos niños de la Misión Cultura Corazón Adentro. Una de las integrantes del grupo artístico, una niña con discapacidad visual, emocionó a todos los asistentes son su maravillosa voz y con su gran personalidad.

Cuando se ven estas cosas hay que preguntarse ¿cómo es que hay tantos pordioseros en las calles de las ciudades venezolanas?. La respuesta es muy simple: LAMENTABLEMENTE, NO TODOS LOS INDIGENTES O DISCAPACITADOS ACEPTAN LA AYUDA QUE SE LES OFRECE EN LAS MISIONES. Eso es muy lamentable, porque a todos se los recibe con los brazos abiertos. Pero eso obedece. también, a la negligencia en algunos organismos oficiales de gobierno a nivel nacional, regional o local.

Hace un tiempo pude ser testigo de algo insólito, cuando pasaba por uno de los lugares donde suelen ponerse a pedir limosna una mujer y varios hijos muy pequeños. Era en un cruce junto a una gaslinera, al lado de un elevado, por donde va la Circunvalación 2. Sentada junto a un pilar estaba una de las hijas de la mujer, contando el dinero de un enorme fajo que tenía en sus piernas.

Lo anterior nos lleva a una necesaria reflexión. Ahí tenemos una de las causas por las cuales muchos indigentes se resisten a ser ayudados por alguna misión gubernamental. Es la cultura de la limosna que nos han inculcado algunas religiones. Mucha gente se siente culpable si no da una limosna. Lo sienten como una obligación. Pero esa actitud es la que promueve la mendicidad, porque les hace la vida (que no es vida) más entretenida a los mendigos, que se acostumbra a recibir las dávidas, sin pensar en trabajar o estudiar.

Por otra parte, en estos casos veo una debilidad de las autoridades gubernamentales. A los adultos no se los puede obligar a aceptar ayudas. Pero cuando se trata de niños que son utilizados para pedir limosna, se deberían tomar medidas para impedir que eso siga ocurriendo. De la mendicidad se pasa fácilmente a las drogas, al alcoholismo y a la prostitución. Entonces se debe tomar medidas drásticas, no para castigar a los padres sino para evitar que los niños y niñas sean explotados por ellos y asegurarles una vida digna.

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